Las Cruzadas el siglo XXI – o de cualquier siglo, da lo mismo

El mundo “moderno” observa con horror y espanto las atrocidades cometidas en el medio oriente por grupos “religiosos” extremistas; aún cuando en realidad no son nada diferentes de la cometidas desde finales del siglo XI hasta finales del siglo XIII (incluso algunos creen que el movimiento llegó hasta el siglo XV, con la diferencia de que no había cadenas noticiosas en ese tiempo). Me refiero a Las Cruzadas también impulsadas por un grupo religioso, todos estos “movimeintos religiosos” siempre respaldados por la orden divina “Deus vult”. . . “hacemos todo esto en el nombre de Dios”. . . y no muestran ni siquiera un e-mail de Dios con semejante y tan atroz petición. Pero, bueno, seguramente no nos queda más que creer en tan “divino” mandato.

Las alternativas para terminar con este tipo de barbaridades son pocas:

(1) Que el ser humano evolucione -Esta es una opción prácticamente descartada, tenemos miles de años sin mostrar un solo signo de mejoría en ese sentido, al contrario, cada día mostramos ser más incivilizados.

(2) Que exploten una bomba atómica en la región, es una solución bastante práctica para erradicar el problema, claro que sería como quemar la casa para exterminar un ratón, pero ¿que se podría esperar de los genios y dioses de turno?

(3) Que se acaben las cabezas para cortar. -Es ciertamente una opción válida-

Sin embargo no existe en realidad una solución manejable por la raza humana, simplemente escapa a nuestras capacidades. No existe una opción real de solución para este tipo de problemas, simplemente porque el mismo ser humano se encargará de evitar una solución a toda costa.

Supongamos por un minuto (hagamos ese esfuerzo mental sobrehumano, casi imposible), pero por un breve instante supongamos que se dejan de producir municiones, machetes y toda clase de armas, se cortan por completo los suministros a esa región con la intención de obligarlos a regresar a la edad de piedra.

Con una seguridad absoluta les digo que la moda cambiaría hacia lapidaciones y quemas en la hoguera, en un esfuerzo -muy humano- de mantener vivo el problema. . . este problema no tiene solución porque el problema es el mismo ser humano en sí.

Este problema ha sido así desde Caín y Abel, no hay nada diferente, no hemos evolucionado absolutamente nada en ese sentido. Y seguirá siendo así en tanto la ignorancia la arrogancia la petulancia la intransigencia y la soberbia “humanas” sigan estando por encima de la inteligencia, la humildad, la cordialidad, la creatividad, la generosidad  y la sensatez.

Hasta el día de hoy no existe en este planeta un ser humano cuya inteligencia, humildad, cordialidad, creatividad, generosidad  y sensatez supere esas gravísimas discapacidades (si no me cree, hágase un autoexamen y verá como no logra una nota mayor a un 50%, o sea, todos estamos reprobados en esas materias básicas).

Mientras esta fatal ecuación se mantenga;   inevitablemente este mundo marchará en reversa. Nunca -como humanidad- hemos avanzado hacia el progreso, simplemente porque desconocemos un concepto acertado de lo que significa “esa palabrita”. Hemos tenido avances tecnológicos y científicos, ciertamente, pero casi siempre son armas de doble filo, se pueden usar para el bien o para el mal, desde que el hombre inventó el machete, muchos lo usaron para llevar comida a sus familias, pero igualmente otros lo usaron para cortar cabezas, y así es con todos los “avances” que hemos tenido como civilización.

Nos han vendido la idea de que progreso es sinónimo de más dinero, mejores condiciones de infraestructura, mejores “economías” -y ahora, mejores juguetes electrónicos, incluyendo armas-,  pero jamás nos dijeron que se debía relacionar progreso con humaniad. Paradógicamente somos seres humanos completamente carentes de humanidad.

Volarle la cabeza -por el motivo que sea- a otro semejante es un desprecio total y absoluto por el concepto más básico de ser un “humano”. Ese acto no es distinto de un León que se come los cachorros machos para evitar la competencia, o de una camada de escorpiones que se comen su propia madre para vivir sus primeros días.

Un “ser humano” que elimina a un semejante -por la razón que sea, quitarle un celular, la bicicleta, por temas religiosos, por cuestiones de raza, conflictos de pareja, etc.- no es diferente a los animales del ejemplo, aún cuando el perpetrador se crea -a sí mismo- el ser más inteligente y poderoso del planeta, nada lo aleja de un bicho común y corriente.

Y lamentablemente no hay mucho que podamos hacer al respecto, porque todo esto son simplemente mecanismos de La Naturaleza.

La naturaleza que es la única entidad sabia conocida, al toparse con plagas inmanejables, siempre encuentra o crea mecanismos para controlar o erradicar esa población esos bichos indeseables y recobrar la estabilidad, así que estamos en ese proceso, La Naturaleza ya se dió cuenta que esta especie no le sirve y tegió los mecanismos para que se auto-elimine.

El Homo sapiens (Que en realidad yo llamaría Homo ignotus) no escapa de esta regla, por más inteligentes “que nos creamos”, el irreverente “libre albedrío” que nos limita y la insaciable necesidad de creernos súper-hiper-mega superiores: mi dios es mejor que el tuyo, mi religión es la única y verdadera, mi carro, mi casa, mi educación, mis hijos, todo lo “mío” es mejor que lo tuyo y sino me aceptas esta innegable “verdad” te vuelo la cabeza.

Pfff. por favor ¿A quien queremos engañar con eso?, no hay Dios en eso.

Lo ¿Mío?… ¿En serio? revisemos de nuevo, no existe nada “mío” en realidad, ni “nuestros” hijos son realmente “nuestros”, todo son simple y sencillamente “asignaciones temporales”. Pero igual nos aferramos al sentido de pertenencia, como si fuera importante. Mis costumbres son las correctas, mis hábitos son los adecuados, no te metas con mis creencias porque son las únicas verdaderas y válidas y si te metes conmigo tengo una máxima omnipotente: “mi Dios me ordenó descabezar a todos los infieles”. No hay nada más para arriba, cuando Dios ordena no hay a quien apelar. . . La sentencia es inapelable.

Es astuta La Naturaleza ¿o no?. . . hasta nos hace creer que somos importantes, tanto así que nos auto clasificamos como Homo sapiens, cuando en realidad de eso no tenemos ni papa.   -o por lo menos no lo demostramos.

Que tanto es lo que peleamos?, ¿Acaso no nos hemos dado cuenta que estamos en una mota de polvo en el universo?, como una cascarita de arroz en la bodega, que con un simple soplido puede ser borrada del universo en un segundo. . . ¿Que peleamos entonces?, o ¿Para qué?

Mejor dediquémonos a vivir el micro-segundo de vida que nos fue asignado ¿Qué tan difícil podría ser vivir y dejar vivir en paz a los vecinos, por el lapso de un pestañeo -que es lo que dura nuestra miserable existencia-??

Ya dejen de pelear por todo, -que en realida es por nada-

Ayyy Dios mío…!!! – y a lo mejor suyo también –

¿Estarían de acuerdo conmigo en que la forma de pensar de cada ser humano “saludable” en este planeta, se fundamenta, se ve influenciada, se moldea, se diseña, se consolida, y evoluciona, con base en la información recibida; ya sea voluntaria o involuntariamente, de su entorno, su familia y los medios a los cuales tenga acceso?

¿Podríamos inferir entonces, que el pensamiento de un espécimen Homo Sapiens sano, o sea que; no padece un desorden, trastorno, enfermedad o discapacidad mental diagnosticada, está definido y opera con base a las referencias a las que tenga acceso en el transcurso de su vida?

Si la respuesta a los previos cuestionamientos es “si” o medianamente “si”, a lo mejor podríamos coincidir entonces también en que el pensamiento humano es un proceso que se pude influenciar y en consecuencia puede cambiar y/o evolucionar dependiendo del tipo de información, sentimientos, experiencias, vivencias y creencias* que ingresen a nuestro sistema de pensamientos, ya sea consciente o inconscientemente.

*el sistema de creencias es todo aquello en lo que usted cree (o no cree), todo aquello cuya evaluación lógica arroja un resultado falso o verdadero para usted, por ejemplo: “la vaca es un animal sagrado”, para algunos ese enunciado puede resultar falso, para otros verdadero, porque la evaluación del enunciado se realiza con base a su sistema de creencias.

Todo resultado del sistema de pensamientos del ser humano se podría evaluar como positivo, negativo o neutral, y esta valoración depende enteramente del lado del espejo que se mire y del propio sistema de pensamientos y creencias del evaluador. Alguna gente llama a esto juzgar.

Todo este preámbulo es solo para decirles, que; sin el afán de juzgar a nadie y respetando absolutamente a todas las personas cuyo sistema de pensamientos y creencias resulte distinto del mío; o sea, potencialmente cada persona en este planeta, procedo a ilustrar un concepto que es tan diverso como seres humanos existen en el planeta.

En armonía con lo expresado inicialmente; ¿Les sonaría lógico que cada quien maneje un concepto de Dios personalizado?, o sea, ¿Con base en su propio sistema de pensamientos y creencias?, a mi por lo menos, me suena bastante lógico.

En mi caso particular, mi sistema de pensamientos es bastante sencillo, práctico, -pragmático podríamos decir-, nada complejo, bien simple o simplificado, (más no simplista), y se fundamenta principalmente en el ingenio, la observación y la lógica.

Nuestra infancia -yo diría que toda mi existencia-, estuvo siempre marcada por la aplicación pronta y cumplida del ingenio, la observación y la lógica. Literalmente teníamos que observar, aplicar rápidamente la lógica e ingeniárnosla para salir airosos ante las vicisitudes que la sola existencia nos planteaba constantemente, teníamos que ser prácticos, ágiles, livianos de pensamiento y rápidos para aprender si queríamos obtener la victoria del siguiente minuto.

El que se tardaba mucho en analizar, decidir, reaccionar, adaptarse y evolucionar, automáticamente se convertía en el indiscutible acreedor del porrazo, la cortada, la espinada, el mordisco, la patada, la embestida, el pinchazo, la caída, el embuste o cualquiera que fuera la amenaza de turno. En mi caso, como es de esperarse, me tocaron y me siguen tocando toda esa suerte de premios. Simple evidencia de que -con toda seguridad- no soy el mejor de la clase. . . (También tuve algunas victorias, aunque no lo crean 🙂

Todas esas vivencias, sin embargo, fueron moldeando mi propio concepto de Dios, el cual evolucionó de igual manera; liviano, ágil, sencillo, nada complejo, simple (pero no simplista).

Quien dice desconocer la existencia de Dios; me da la impresión que fundamenta su criterio argumentando que Dios es un concepto intangible, imposible de probar o corroborar. En otras palabras; como no puede ver a Dios y a lo mejor darle la mano y tomarse un cafecito con él, entonces simplemente Dios no existe. Ese, -a mi criterio y respetando evidentemente a cada quien- es un concepto verdaderamente simplista, y aún cuando mi propio concepto de Dios es bastante simple, no llega a semejantes niveles de simplicidad.

He sido bendecido; sin embargo, con un sistema de pensamientos y creencias tan práctico y sencillo; o a lo mejor todo lo contrario (difícil saberlo), tal que me permite corroborar y disfrutar la existencia de Dios a cada momento. Mi sistema de pensamientos y creencias es tan ágil que me resulta sumamente simple materializar el concepto de Dios en casi cualquier cosa que me rodea, una planta, una flor, un fruto, mi descendencia, mi familia en general, la primada, la sobrinada, el prójimo, la vecina, la hidrósfera, la gravedad, etcétera.

Por el contrario, las personas que no logran ver a Dios de forma simple como yo; mentes mucho más complejas, elaboradas y avanzadas que la mía (seguramente), y que por lo tanto procesan la información de manera distinta a la mía, intentarán darle un sentido tangible a Dios, o sea, querrán verlo como un experimento científico más, algo que sea probable, comprobable y repetible en un ambiente controlado de laboratorio; y honestamente; aún cuando se le aplique toda la ciencia disponible y todo el conocimiento humano acumulado, sencillamente no es posible resolver de esa manera. Allí es donde yo creo que simplemente llegan a la conclusión de que no van a poder con el asunto y terminan optando por la salida más simple (simplista diría yo): “Dios no existe”, algo que irónicamente tampoco podrán comprobar ni demostrar en el laboratorio.

Mientras tanto yo, en mi sencillez si puedo ofrecer pruebas tangibles y prácticas de Dios cada día, cada minuto, si así lo quisiera. Para muestra un botón:

La mata de tomate:

La Mata de Tomate

La incluí bien grande para que vean todos los detalles

 

Esta planta nació, creció y produjo allí “sola”, en el ambiente más inverosímil e improbable que se puedan imaginar, nadie la sembró, nadie la regó, nadie la cuidó, aún así prosperó y produjo buen fruto, a pesar de todas las posibilidades en contra que tenía, simplemente sucedió y tuvo éxito “así porque sí” y nada más.

En el fondo unas flores parecen vitorearla…!!!      En mi sencillez de apreciación, me queda sumamente fácil imaginar las flores del fondo como porristas alentando “la mata de tomate”, echándole porras, diciéndole: “vamos, tú puedes, eres otra creación Divina del universo, no menos que nosotras o las estrellas” (según reza la Desiderata).

Este cuadro mental que yo pinto de manera muy simple, lo interpreto como una manifestación explícita y concreta de Dios. Para mí ese es Dios mostrándose, manifestándose, diciendo, “vean que si existo y hago lo que se me antoje, donde se me antoje con y por medio de mis creaciones”.

Evidentemente, los científicos podrán explicar el dilema de “la mata de tomate” con miles de teorías, cálculos y ecuaciones, pero nada más. Jamás lo podrán entender ni reproducir. Empezando porque ni toda la batería de “científicos” que han existido en la historia de la humanidad juntos, podrán jamás siquiera producir la más mínima partícula de materia prima que se requiere para reproducir un evento “tan simple” como este. Y terminando con el hecho de que toda la ciencia, tecnología y teoría actual; desarrollada por nosotros mismos (dicho sea de paso), comparada con la realidad, resulta -en el mejor de los casos- primitiva e infantil.

El que tiene ojos que vea, y el que tiene oídos que oiga, y que cada quien interprete y/o procese lo que ve y lo que oye de acuerdo -y según se lo permita- la capacidad (o discapacidad) de su propio sistema de pensamientos.

Liberación de responsabilidad:
Me responsabilizo únicamente de lo que escribo, más no de lo que cada quien quiera o pueda interpretar y/o entender cuando lee.

En verdad somos Homo Sapiens?

En 1758 el Sueco Carlos Linneo (Conocido también como Carl Nilsson Linæus, Carolus Linnaeus o Carl von Linné) nos otorgó el título de Homo sapiens (Hombre sabio) inteligente, razonable, prudente, “animal racional”. . .designación que sinceramente nos ha costado muchísimo honrar.

En la historia del ser humano -aparentemente- han habido unos pocos especímenes que si han sabido honrar dicho título, según cuenta la historia el Rey Salomón era uno de ellos, a lo mejor Leonardo Davinci anduvo cerca, todo parece indicar que Albert Einstein representó dignamente este título, pero la inmensa mayoría de nosotros solo somos Homos sp, no muy lejanos de nuestros supuestos antecesores como el Homo Erectus, Homo Florensis, Neandertalis, etc.

Tal vez la única diferencia con respecto a nuestros antecesores es que ahora pensamos más y vivimos menos y que evidentemente las herramientas que usamos son más elaboradas y complejas, pero la mentalidad no ha cambiado mucho, seguimos básicamente sobreviviendo y defendiéndonos de las inclemencias de la naturaleza y de nuestros vecinos, misma problemática que enfrentaban nuestros ancestros, nuevas armas.

Seguimos sumamente interesados en el sentido de la pertenencia “lo mío” y nos interesa muy poco el sentido de la comunidad “lo nuestro”, seguimos siendo cazadores recolectores solo que ahora cazamos oportunidades y recolectamos billetes, misma situación, que hace millones de años, mismo comportamiento.

En resumen, el ser humano moderno no es otra cosa que un “homo” con un cúmulo nunca antes visto de conocimientos y tecnología que no le alcanzan para ser “sapiens”.